Libella





Libella





Ricardo Quijano

Nació en México, D.F., en 1949, y radica en Guadalajara, Jalisco. Pertenece al taller de creación “José Gorostiza”, a la Asociación de Clubes del Libro y al PEN Club Internacional, centro Guadalajara. Participó en el Tercer Encuentro Nacional de Talleres Literarios, en el Encuentro Prometeo de poesía de Tenerife, Canarias y en el Congreso de Lenguas extranjeras de la Universidad de Kentucky, en Lexington; ha ofrecido recitales de su obra en Alemania, Estados Unidos y México. Codirector de la colección Liminar de Mantis editores.

Algunos fragmentos de Sangrial han sido traducidos y publicados al alemán por Sabine Giersberg. Ha publicado en la revista Amoxcalli y en el suplemento cultural Caravansary del periódico Tabasco Hoy.

Autor de los poemarios El color del cielo (Mantis editores, colección Liminar, 2002; segunda edición, bilingüe, con traducción de Francoise Roy, Ediciones Monte Carmelo, 2003), Sangrial (Mantis editores, colección Liminar, 2005) y Nadie (en Cielo de Nadie. Mantis editores, colección Liminar, 2006).


Solo la inmensa aleta de una ballena es memoria de la luz última

antes de que fuera partido el casco.

Antes que salieran de su muelle.

Antes de suplicarle a Dios por el retorno.

Cuando las fauces del mar fueron mensaje de advertencia

en marea baja.


Qué haces aquí

ir y venir sin consecuencias

no hay nombre que se aferre

a la piel que llaga la pregunta

parece que el mundo te tragó

como un gran sapo

siendo entonces

el lodo

único

reflejo.

Y tú

qué tiniebla te ha secado de su vientre

oscuridad que inmola

la ausencia colgada del abismo

burbuja

y nada más.


Oculta en gris y espuma la distancia

el filo invisible de la mano

remo fenicio escarabajo de mar arena del desierto

deidad de tierra firme.

Será sal antes que ella

el olor del templo

tea de penumbra

para Astarté

quien olvidara el nombre

de la inútil redondez del mundo

para llevarle

ofrenda

quien por el mar

resucita bajo la galera de la noche

con sus velas fantasma.

Sopla un humo de dioses

grita el cuerpo un trago de aire

y la puerta del mundo

queda abierta

para la cola del pez

y la mano del hombre

tendrá que ser

imprenta

un solo Dios

un alfabeto

los peldaños de Byblos

las tablillas de arcilla

no hablarán de este

mar.