Solo la inmensa aleta de una ballena es memoria de la luz última
antes de que fuera partido el casco.
Antes que salieran de su muelle.
Antes de suplicarle a Dios por el retorno.
Cuando las fauces del mar fueron mensaje de advertencia
en marea baja.
Qué haces aquí
ir y venir sin consecuencias
no hay nombre que se aferre
a la piel que llaga la pregunta
parece que el mundo te tragó
como un gran sapo
siendo entonces
el lodo
único
reflejo.
Y tú
qué tiniebla te ha secado de su vientre
oscuridad que inmola
la ausencia colgada del abismo
burbuja
y nada más.
Oculta en gris y espuma la distancia
el filo invisible de la mano
remo fenicio escarabajo de mar arena del desierto
deidad de tierra firme.
Será sal antes que ella
el olor del templo
tea de penumbra
para Astarté
quien olvidara el nombre
de la inútil redondez del mundo
para llevarle
ofrenda
quien por el mar
resucita bajo la galera de la noche
con sus velas fantasma.
Sopla un humo de dioses
grita el cuerpo un trago de aire
y la puerta del mundo
queda abierta
para la cola del pez
y la mano del hombre
tendrá que ser
imprenta
un solo Dios
un alfabeto
los peldaños de Byblos
las tablillas de arcilla
no hablarán de este
mar.