XVII
Para Hugo Noé Preciado
La duda es mi certeza cuando dicen que estás
igual conmigo que en el agua.
Cuando bebo una gota de lo que fui
del vaso que llenaré contigo y que han vaciado
del Iguazú hasta el Niágara durante trece lunas, dos ojos y este cuerpo que viene
de su destino
de ola.
No dudo que la piedra me acompaña
para dejarme
junto a un fuego de peces.
No dudo que la roca sea el límite del agua:
fundación de la estirpe, cronómetro del mundo
que así te santifica.
Yo creo en un solo Dios
que no está
solo.
XVIII
Dios no repite al hombre, ni al árbol, ni a la roca.
¿Por qué he de repetir que te amo, tantas veces
si no para mostrar mi insuficiencia?
Amor, una vez dicho
basta.
XIX
Miro mirar tus ojos.
Extiendes cada punto de la luz
hasta sus perspectivas imposibles.
¿Qué hay detrás de la luz?
Es un espejo: el cristo de tu cuerpo
entre mi cuerpo.
SIGLO XX
A la vida no le debo ningún recuerdo,
pero le debo mi vida entera.
Lucian Blaga
Todo empezó una noche del primero de julio
en el año noventa
de la tierra:
la muerte bajó al agua (incomprendida)
cuando el hombre en el agua de sí se bautizaba.
Te imaginó y se dijo: hágase ya la luz
para mirarte.
Y se hicieron los lunes y los sábados
en que habías de volver de tu oficina, cubierto
de cenizas
de los otros
del tiempo
que transcurre de tu boca a su boca.
Para empezar a andar en los segundos
en su reloj de arena formaron los minutos, las horas, los días, años y siglos