Libella





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Álvaro Morales

Álvaro Morales (Guadalajara, Jalisco, 1963) es licenciado en arquitectura por el ITESO. Master en investigación, gestión y desarrollo local por la Universidad Complutense, y en gestión cultural por el Instituto Universitario Ortega y Gasset, ambos de Madrid, España. Coordinador docente y catedrático en el ITESO, de 1989 a la fecha. Autor de los poemarios Nombrar lo creado (editorial Arlequín, 1996), Memorial del porvenir (editorial Vitruvio, Madrid, España, 2001) y de los textos y fotografías de Habitar la luz, la obra de Gabriel Núñez (Aire Libre editores, 2002). Aparece en las antologías Los Poetas de Tierra Adentro (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1994), Tiro al blanco, poesía última de Jalisco (editorial Arlequín, 1999) y Poesía de Jalisco siglo XX (Secretaría de Cultura de Jalisco, 2001). Ha publicado artículos, ensayos, cuento y poesía en revistas, periódicos y suplementos de México, Argentina, Nicaragua, Cuba, España y Francia.


DE LA NOSTALGIA


A Fernando González Gortázar, amigo hasta los límites de la vida.


Algunas veces, en la playa, con el sol poniente

te llega la certeza de ser hijo de la creación

y estar cercano a ella

de tener la mano vuelta hacia el cielo

esperando la lluvia o algún otro milagro.

Cuando un día decididamente sábado se atraviesa

entre semana

tienes la mirada en los árboles para descubrir un nido

dónde empollar tus ojos

hueles un viento que regresa de la infancia

y entona el nombre de tu hijo sin nacer.

Y cuando la tarde tiene una largura

que se antoja recorrer borracho

te gusta aparecer iluminando iglesias

con el mejor de tus gestos

te gusta ver llorar a una mujer

que te parecía inalcanzable y hermosa.

A veces cuando nieva en tu ciudad y amaneces

como de la muerte

escuchas la canción que solo en sueños escribiste

tarareada por tu mujer después del amor.

Intuyes que la mano de Dios es blanca

y nunca ha tocado esta tierra.

Sientes la terrible nostalgia de paraíso

que padecemos los hombres modernos.

SABER NO PUEDE SER LUJO


Yo vivo de preguntar,

saber no puede ser lujo.

Silvio Rodríguez


Qué estación del miedo te instaló un corazón muerto entre las manos, preparándote para el amor. Qué colibrí del desaliento chupó de tu néctar y desquiciado de dudas lo escupió entre espinas. Qué despertador macabro te cambió para siempre el horario, obligándote a socorrer la noche. Qué regreso del hastío demostró lo factible de tus venas cuando se prestan al acero. Qué impostor de cristales te moldeó el demonio de la angustia que salpicas en la mesa.

Por qué te obstinas en arrancar a mordidas el cable de la luz primera. Por qué te intuyes dichosa rodeada por las vísceras de tus hermanos. Por qué te niegas el pan y el vino de la paz, el sepulcro sin derrotas. Por qué te reflejas siempre desfigurada en el agua de la sed.

Cuándo llenaste los ojos de cicatrices para vapulearnos la dicha. Cuándo derramamos la osadía sin el beso, el amparo sin la piedad. Cuándo hirieron tu memoria con cruel espada.

Dónde están abiertas tus manos al grito y la redención. Dónde tus mejores blasfemias.

Cuál es mi calle en tu ciudad.

DE ORIGEN


A Miguel Echauri, mi hermano cuando vuelvo del frío.


Vengo de una historia de duendes y fracasos

de un país en movimiento que huele a quemado

de una muerte que solicita enmascararse

de un perro ladrándole al peso

de un niño que vendía la vida en una esquina

de pactos indignos firmados con torpeza.

Vengo de un tiempo que inventó al hombre

de la metáfora prohibida

de un libro entumecido

de un mal sueño

de un suplicio que arrancaba gritos como oraciones

de un lamento que se convirtió en himno.

Vengo de un pueblo que se anheló virgen

durmiendo a la sombra del cuerpo amado

de una caricia que huyó al exilio

de vestirnos con el traje gris de la bondad

de elegir a profetas impúdicos

de abjurar en vano un apodo para Dios.