DE LA NOSTALGIA
A Fernando González Gortázar, amigo hasta los límites de la vida.
Algunas veces, en la playa, con el sol poniente
te llega la certeza de ser hijo de la creación
y estar cercano a ella
de tener la mano vuelta hacia el cielo
esperando la lluvia o algún otro milagro.
Cuando un día decididamente sábado se atraviesa
entre semana
tienes la mirada en los árboles para descubrir un nido
dónde empollar tus ojos
hueles un viento que regresa de la infancia
y entona el nombre de tu hijo sin nacer.
Y cuando la tarde tiene una largura
que se antoja recorrer borracho
te gusta aparecer iluminando iglesias
con el mejor de tus gestos
te gusta ver llorar a una mujer
que te parecía inalcanzable y hermosa.
A veces cuando nieva en tu ciudad y amaneces
como de la muerte
escuchas la canción que solo en sueños escribiste
tarareada por tu mujer después del amor.
Intuyes que la mano de Dios es blanca
y nunca ha tocado esta tierra.
Sientes la terrible nostalgia de paraíso
que padecemos los hombres modernos.
SABER NO PUEDE SER LUJO
Yo vivo de preguntar,
saber no puede ser lujo.
Silvio Rodríguez
Qué estación del miedo te instaló un corazón muerto entre las manos, preparándote para el amor. Qué colibrí del desaliento chupó de tu néctar y desquiciado de dudas lo escupió entre espinas. Qué despertador macabro te cambió para siempre el horario, obligándote a socorrer la noche. Qué regreso del hastío demostró lo factible de tus venas cuando se prestan al acero. Qué impostor de cristales te moldeó el demonio de la angustia que salpicas en la mesa.
Por qué te obstinas en arrancar a mordidas el cable de la luz primera. Por qué te intuyes dichosa rodeada por las vísceras de tus hermanos. Por qué te niegas el pan y el vino de la paz, el sepulcro sin derrotas. Por qué te reflejas siempre desfigurada en el agua de la sed.
Cuándo llenaste los ojos de cicatrices para vapulearnos la dicha. Cuándo derramamos la osadía sin el beso, el amparo sin la piedad. Cuándo hirieron tu memoria con cruel espada.
Dónde están abiertas tus manos al grito y la redención. Dónde tus mejores blasfemias.
Cuál es mi calle en tu ciudad.
DE ORIGEN
A Miguel Echauri, mi hermano cuando vuelvo del frío.
Vengo de una historia de duendes y fracasos
de un país en movimiento que huele a quemado
de una muerte que solicita enmascararse
de un perro ladrándole al peso
de un niño que vendía la vida en una esquina
de pactos indignos firmados con torpeza.
Vengo de un tiempo que inventó al hombre
de la metáfora prohibida
de un libro entumecido
de un mal sueño
de un suplicio que arrancaba gritos como oraciones
de un lamento que se convirtió en himno.
Vengo de un pueblo que se anheló virgen
durmiendo a la sombra del cuerpo amado
de una caricia que huyó al exilio
de vestirnos con el traje gris de la bondad
de elegir a profetas impúdicos
de abjurar en vano un apodo para Dios.