VERÓNICA
La tarde era un bostezo que te envolvió despacio. Y tú, Verónica, te dirigiste al espejo, levantaste tu blusa y tu imagen alargó las manos para acariciar tus senos. El frío te divierte, y esos dedos que estiran tus pezones saben dónde hacerse rápidos y el lugar preciso donde escondes la respuesta. Cierras los ojos, pegas el vientre al espejo y la imagen limpia con la lengua tu sudor; te dejas hacer, te abandonas a esa que lame tu garganta, a esos dedos que separan y se hunden en tus otros labios. Sobre tu vello un roce; el espejo ya no tiene las manos frías: le pides que te haga daño, que se apresure, que clave las uñas en tu pubis. Te sientes húmeda. Algo resbala por tus muslos. Tu boca se abre. Reprimes un sollozo que no habrá de quedarse. Tus caderas se levantan para recibir una caricia más profunda. Abres los ojos: el espejo te devuelve las arrugas: los sesenta años que se embotan en tu cuerpo tembloroso.
UN HORMIGUERO ENTRE LAS PIERNAS
(fragmento)
Las letras forman palabras, las palabras frases y hay quienes dicen que las frases son las venas de una hoja. El libro de Raúl está lleno de hojas y se desangra.
Si no fuera por las medias de nailon con encajes, por los zapatos de tacón alto y negros (muy negros), por el corte del vestido más allá de los encajes; si no fueran tantas cosas, y viernes ya muy tarde, o si al menos le gustara el póquer y tuviera amigos para jugar los sábados en la noche, Raúl se ocuparía de sus asuntos y alcanzaría a detener la hemorragia de letras que empapa la alfombra.
En eso de la política la imagen es importante: corbata negra, barba cortada, alguna afición intelectual y nada de rumores, ni siquiera uno en letras pequeñitas en la página treinta de algún periodicucho. Pero las piernas de Claudia, su nueva secretaria, bien valen detener las prensas y un encabezado en primera página.
Raúl se arregla la barba los fines de semana, estudió piano hasta los veinticinco y se casó a los veintisiete; ahora le quedan dos meses para ganar simpatías y un sillón mullido en las próximas elecciones. Las últimas líneas escapan de las hojas y se coagulan en el piso.
Las hormigas forman colonias, las colonias habitan un hormiguero, y hay quienes dicen que una hormiga es algo parecido a una letra. La tinta de Raúl ahora es de esas. Claudia le sirve el cuarto café con dos de azúcar y una sonrisa fuera de contrato. Los ojos de Raúl están llenos de hormigas; algunas siguen a Claudia hasta su escritorio. Reconocen unos zapatos de tacón alto. En las medias de nailon hay un caminito rojo.