Libella





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France Mongeau

Traducción de Silvia Pratt

France Mongeau (Quebec, Canadá, 1961) es poeta y profesora de literatura, colabora en diferentes revistas y participa en actividades literarias en Quebec y en el extranjero. En 1986 recibió el Premio Émile Nelligan, por su poemario Lumières. En 2005, el libro Ségala, producido con la artista Anne-Laure Héritier-Blanc, obtuvo el Premio Internacional Saint-Denys-Garneau. Entre sus obras pueden mencionarse Le guet du renard, La mer est pierre d’attente, La danse de Julia, Indices noirs y Lettre en miroir.


les grands chasseurs plongent en piqué

des fous

au ciel quelques œufs

quelques carcasses perdues noyées

étang mirage d’une eau pure

l’odeur du sang file plein nord

âcre et froide dans chacun des becs blancs

l’odeur bat la cadence des montagnes

autour de nous

dans le dessin sur la toile s’agrippent les os

et des petits insectes marins

oublieux

nous apprenons à garder les yeux ouverts

dans ce brouillard verdâtre

à comprimer nos poumons

oublier nous aussi

los grandes cazadores se abisman en picada

locos

en el cielo algunos huevos

algunos caparazones perdidos se ahogan

estanque espejismo de agua pura

el aroma de la sangre fluye en pleno norte

acre y frío en cada uno de los picos blancos

el aroma golpea la cadencia de las montañas

que nos circundan

en el dibujo sobre la tela se sujetan los huesos

y pequeños insectos marinos

desmemoriados

aprendemos a mantener los ojos abiertos

en esta neblina verdusca

a contener nuestros pulmones

deberíamos olvidar también nosotros

tu racontes le chant des fenêtres

et des détails se joignent au réel

de la chambre

la violence de l’oiseau de proie appartient

à l’éclat du soleil

et l’envol

à l’impatience de nos mains

notre déraison jointe aux jours de pluie

d’averses froides

tes lèvres abordant aux miennes

nos mains nouées par ce sommeil millénaire

et quelques habitudes

les premières à mourir

relatas el canto de las ventanas

y los detalles se suman a lo real

de la estancia

la violencia del ave de rapiña se asemeja

al destello del sol

y el vuelo

a la impaciencia de nuestras manos

nuestra locura se enlaza a los días de lluvia

de fríos aguaceros

tus labios acercándose a los míos

nuestras manos atadas por este sueño milenario

y algunas costumbres

las primeras en morir