10
Dejo la cama del amor.
Mi madre me lo dijo, pero entender es tarde.
Tengo una rosa, un muñeco de paja.
Dejo la casa donde he sido huésped.
Hay voces que me llaman
qué ardor donde sus dedos me tocaron
qué sin sentido el dedo acusador.
Dejo la culpa de culparme rota
saco mis pies del continente oscuro
mi cabeza del gueto
dejo mis talismanes rezurcidos.
Ligera, sí
nada que abrevie el paso
dejo la media muerte
ya regresé sus labios
ya desocupo mi corazón.
De vuelta en el capullo
seré gusano que hila.
9
Te rebautizo. Mírame.
Te nombro. Llámame.
Olvídate del vidrio
comerás de mis manos
la misma hierba amarga.
Si me quieres prisión
quema tu casa
cava con las uñas
pasa por esta orilla de geranios.
Te lavarás el pubis
con tu tela de araña.
Te llamabas viajera
y nada más que mi piel
podía salvarte.
Ya no soy más el humo
y solamente tú
sabes que existo.
8
De ti, el que quiso volar
volcarse desde el pico
el diosadicto de las quinientas noches
¿qué hay?
que expatrias de mis fuentes tus hervores
tus manos deshiladas de mis nidos
la cruz de mi costado.
De ti
la cama consumida
la renuncia al altar donde yacemos
desde el cuervo que fuiste
y no querías
¿Qué es, que no se queda, di?
¿Sonambulismo?
¿Que vas a reclamar?
¿Engaño de los fuegos?
¿Qué harás contra las noches homicidas
en cerrado concilio con tu carne?
En un borrón del tiempo
de ti
mejor es no indagar
lo que te hace.