Si volvemos los ojos, con afecto, a la nostalgia en lumbre de una madre, a la ausencia de ruido en la cocina, hay veces que encontramos un corazón en vilo o una figura enhiesta de alabastro. Y en alguna ocasión hay regocijo porque, además de todo, conseguimos un libro de poemas con una vida entera. Aquí están las huellas de ese asombro: su caliza manera de hacerle frente al día, al ocio, al sueño y a sus miedos. Esta tercera edición fue preparada por el también poeta Ricardo Quijano.