Libella





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Eduardo Zambrano

Eduardo Zambrano nació en Monterrey, Nuevo León, en 1960 y publica poesía desde 1983, en suplementos culturales de la región. En1988 aparecen sus primeros dos libros: Del coleccio-nista, en los cuadernos de Praxis/Dos Filos, de la Universidad de Zacatecas, y Estrategias de la nostalgia (libro colectivo), en ediciones de la revista Punto de Partida, de la UNAM. En 1997, edita Aquí afuera, además de dejar presencia en antologías de poesía, como Nuevo León, brújula solar; Monterrey, alforja de poetas y Antología de la poesía nuevoleonesa.


1




La sonrisa de un loco


no se puede compartir.


Y está bien que así sea


el extraño rumbo de lo que vea.




Las calles del pensamiento


no tienen esquinas, sino viento.


A veces escribo


sin saber a dónde ir.




2




En el abismo del cuerpo


se despeñan los días.




Quedan las memorias


de lo que arañamos al aire,


algún surco en el cielo.


Lo que duele


no es la velocidad


de la caída,


sino lo imposible del vuelo.




3




El libro abierto


en la mesa de la terraza


y el sol que se tropieza


con la enramada.


Sombras que se confunden


entre la escritura,


de pronto leo en una mancha de luz,


pero solo entiendo de mis desventuras.




4




La copa que rebosa de tequila


y el ojo en ella sumergido.


Quién está más ebrio


bajo la luz del día,


el hombre que será o el que ha sido.


5




En algún momento hubo la oportunidad


de ser otro.


Acaso el sueño de otro como la nube


que apenas alcanza en la mente una forma


y se disipa traicionera.


Pero ni eso. Yo no desafié a nadie ni fui nada


de lo que ahora soy:


apenas el simple testigo y un escribano de algo tan obvio


como la belleza.




Me hubiera gustado, por ejemplo, ser el amante


de la mujer que amé, lo cual suena tan ridículo


como el dolor que se inventa un hipocondríaco


o la risa que se atrinchera en la mueca del idiota.




Arriba las nubes regresan a salvar tanta pereza del hastío.


Me vuelvo a conformar con lo que soy...