Libella





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Laura Elena Alemán

Laura Elena Alemán nació el primero de agosto de 1924 y falleció el 25 de enero de 1961. Ampliamente reconocida en el deporte ecuestre mexicano, en forma póstuma, la Imprenta Universitaria le publicó un libro titulado Seis poemas. Esta tercera edición de VIDA Y SUEÑO comprende las tres etapas de su creación artística: 1945 a 1951, 1951 a 1957 y 1958 a 1960.


LYSSA



Algunas veces el llanto es tan grande


que no fluye fácilmente por los ojos,


y se queda destruyendo la garganta


con los dedos asesinos de la asfixia.



El dolor se acumula poco a poco


en ese todo nuestro: cuerpo y alma,


crece cada vez, se multiplica;


propaga las simientes


y llena de hierbas nuestros campos


al miedo y la amargura siempre propios.



La herida, la llaga con obstinación oculta


tras el rostro que aparenta la sonrisa


se enfurece tal vez por su silencio


y desgarra y se expande y se convierte en grito,


en un grito tan grande, tan agudo,


que dejando atrás las voces del sonido,


se vuelve ola, río sin cauce,


embravecido, ciego destructor


que sacude el pensamiento en terremotos.



Y ya no vemos, ¿cómo vamos a ver?


Y ya no oímos, ¿cómo vamos a oír?


Y si hablamos a todos los demás, llevamos miedo,


tal si Lyssa estuviera en nuestra boca.



Lyssa, sí, la que delata,


la que delata la amargura, la injusticia,


lo pobre que se ha vuelto la conciencia


desde que el hombre, animal racional,


ha querido convertirse en máquina...


La deshumanización del arte y la del hombre,


el cubismo: geometría del subconsciente,


la dinámica: legislación del movimiento


y el átomo, ¿podrían tal vez medir las emociones


con los nuevos fantasmas radioactivos


que llevan las milicias en sus cápsulas?


La que delata nuestro ser sensible,


ser pobre, indefenso, vulnerable,


la que habita nuestro ser hasta volvernos locos,


contagiar el temor y despertar la lástima.


Al pasar por las sombras de la duda,


llegar al tormento de la angustia,


el sentir cómo nacen los espectros


que desde que el hombre es hombre nos habitan.



Esa muerte en verdad mil veces muerte,


esa implacable, cruel, recrudecida


que corroe las entrañas, los cerebros;


es la razón para volverse loco,


perro rabioso encadenado,


encerrado en la prisión sin muros de sus quejas,


en la prisión más cruel, la de su vida.



Y después... después


cuando la inundación se calma,


cuando con ojos de extrañeza despertamos


a la real realidad que nos circunda


vemos las sospechas y la duda


y todo lo perdido en el derrumbe.



Nos hallamos otra vez en el principio


y qué largo es el camino del pasado,


qué largo es el camino hasta el presente,


qué lejano e imposible es el futuro


si vemos la marcha torpe y titubeante,


si lo único que nos impulsa y sostiene


es la luz alcanzada a través de la amargura,


esa que lleva por nombre


el doloroso error reconocido.